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Quienes lo deseen pueden participar de la misa conventual con las hermanas a las 8:30 y de la adoración los jueves por la noche a las 21:30. La capilla, bastante próxima a la hospedería, permanecerá abierta y a disposición de los huéspedes todo el día.

Los domingos Eucaristía en la Iglesia a las 11.

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Aspects techniques

El lugar de Valdediós (Valle de Dios), también documentado en época medieval como Valle de Boiges, se sitúa en la parroquia de Puelles, a unos 9,5 km. al SW. de Villaviciosa y se llega a él por la carretera AS-113, tomando un ramal entre las poblaciones de Villabona y Lloses, que desciende hasta llegar a la frondosa hondonada elegida para edificar uno de los conjuntos monumentales más importantes del arte medieval asturiano. En él se relaciona este conjunto monástico cisterciense dedicado a Santa María con el templo prerrománico de San Salvador, conocido popularmente como el Conventín en oposición al primero.

Los monjes cistercienses llegan a Asturias al filo del año 1200, tardíamente respecto a su asentamiento en otras zonas como Galicia, León y Castilla, y gracias al impulso regio de Alfonso IX (1188-1230), anterior benefactor de la orden del Císter en su reino. El 27-XII-1200 este monarca junto con su esposa la reina Berenguela otorgaban en Santiago de Compostela la carta fundacional del monasterio de Santa María “in terra...mearum Asturiarum”, en la que donaban su heredad de Boiges, con todas sus dependencias y aprovechamientos, a la orden del Císter, para construir allí una abadía:

“Damus Deo et Beate Marie, Sanctisque Omnibus, totam hereditatem de Boiges, tam de realengo quam de infantatico, ad abbatiam ibidem cisterciensis ordinis construendam, que sit semper propria filia abbatie d Superato...”

A partir de este momento el monarca sentará las bases del amplio dominio monástico que, si bien tenía su centro principal en la tierra de Maliayo y en los cercanos territorios de Sariego y Gijón, extendía su alcance igualmente a ámbito leonés, principalmente al lugar de Boñar. Y en 1201 los reyes conceden al monasterio, que llaman ya de Valdediós “quod de novo construximus in Asturiis in loco nominato Boiges” el realengo de Melgar, sito entre las villas leonesas de Valencia y Mansilla, con todas sus dependencias y derechos. El elemento fundamental de todo señorío monástico, el coto, lo otorga el rey a Valdediós en un privilegio dado en la villa de Avilés en 1220, en el que se delimita mediante concretas referencias geográficas un territorio de unos 7 km. cuadrados en el que el monasterio tenía pleno control:

“...incauto monasterium Sancte Marie de Valle Dei per istos terminos, videlicet per furcam de Ervazal et quomodo venit per caminum ad ecclesiam Sancti Petri de Ambas, et descendit in directum ad regum de Arpol, et quomodo dividitur hereditas Sancti Saturnini cum Tirias...”.

Ese mismo año Alfonso IX concede a Valdediós uno de los más importantes privilegios que tendrá el monasterio, el del disfrute de una renta anual de 500 maravedíes sobre los derechos reales del monarca en la sal de Avilés, confirmado en 1231 por Fernando III en un documento de máximo interés para conocer la marcha de las obras de construcción del monasterio, puesto que en él se destina esta renta a la financiación de la obra:

“...quingentos morabetinos annuatim in villa de Abilles de renda salis, quos pater meus prius mandavit ad opus et laborem ipsius monasterii...”

Con este rico patrimonio fundacional parece plausible que en 1218 la comunidad cisterciense de Santa María de Valdediós pudiese emprender las obras de su magnífica iglesia de la mano del maestro Gualterius, como menciona la inscripción del tímpano de la portada Norte del crucero, obras que se dilatarían durante unos cuantos años, impulsadas también por las donaciones pías de particulares. En la historia del cenobio hay que destacar su demanda y obtención de una compensación por parte del rey Alfonso X por la ocupación de parte del territorio perteneciente al monasterio al asentar en 1270 la Puebla de Maliayo (Villaviciosa).

A lo largo de los siglos finales de la Edad Media el señorío de Valdediós se amplía y consolida con nuevos privilegios, como es el caso de la donación hecha por Fernando IV en 1305 del portazgo de todo el tráfico del puerto de San Pedro de Boñar, en las entradas a Asturias por el Puerto de San Isidro. Otra de las importantes fuentes de ingresos de la abadía en este momento fue la extensión de la participación de las rentas de los alfolíes de sal a las villas de Llanes, Villaviciosa, Luarca y Ribadesella.

Además de la riqueza patrimonial de la abadía, parece ser que ésta brillaba también por la rectitud de sus costumbres, hecho que llevó al prelado ovetense Gutierre de Toledo en el último cuarto del siglo XIV a entregar al abad de Valdediós las iglesias de Santa María de Villamayor y San Martín de Soto con todos sus derechos y pertenencias, tras la disolución de sus dos comunidades benedictinas femeninas por el incumplimiento de sus obligaciones monásticas.

En la Nómina de las abadías de la diócesis de Oviedo elaborada por este obispo, se recoge la de Santa María de Valdediós en los siguientes términos:

“La abadía de Valdediós es de la orden de Çístel, monges blancos. Es subgeto al obispo e prométele obedençia e reverençia e bendízele el obispo. E viene a los signados o enbía su procurador quando es enbargado. E paga en todos los pechos e pedidos quel obispo echa a su clerizía. E obedesçen e cunplen todos los mandamientos e ordenaçiones quel obispo faze”.

A comienzos de la época moderna (1515) la comunidad de Valdediós se unió a la Congregación de Valladolid y siete años después un virulento incendio arruinó las dependencias monásticas medievales, que serán objeto de reconstrucción en el transcurso de esta centuria. Así, en la década de 1580 el libro de fábrica del cenobio señala, según M.P. García Cuetos, la conclusión del nuevo claustro y de las estancias anejas a él, quizá obra de Juan de Cerecedo el Viejo.

En el siglo XVII se acometieron nuevas obras en el piso bajo del claustro, la sacristía, el archivo, la hospedería y se construyó el pórtico actual que protege la fachada occidental de la iglesia (1668). El siglo XVIII continuará las intervenciones en la iglesia, instalando la tribuna de enfermos que se conserva en el brazo Sur del crucero y la biblioteca monástica junto al archivo. Asimismo M.P. García Cuetos fecha en 1768 la construcción de un nuevo capítulo junto a la iglesia y a lo largo de esta centuria se amuebló el interior de la misma con un órgano y varios retablos entre otras piezas.

A principios del siglo XIX se llevó a cabo en el convento el proceso de desamortización, saliendo a subasta el mismo en 1843 y utilizándose finalmente como Seminario Diocesano. En las primeras décadas del siglo XX comienzan las obras de restauración de la iglesia que se consolidan en la campaña que levará a cabo en el monasterio L. Menéndez Pidal. En 1931 el monasterio fue declarado Monumento Nacional.

A partir de 1985 y en paralelo a las obras de restauración del conjunto se creó en sus edificios una Escuela Taller y recientemente, en 1992, el monasterio ha recuperado su condición originaria al instalarse en él una nueva comunidad cisterciense. Desde el año pasado (2009), la Archidiócesis de Oviedo ha abierto las puertas del Monasterio a otra Comunidad, La Congregación San Juan.




Valdediós ha provocado, como acabamos de mencionar, la transformación del conjunto arquitectónico románico en las épocas moderna y contemporánea. Estas intervenciones han respetado únicamente la fábrica de la iglesia, que constituye sin duda el ejemplo mejor conservado y de mayor calidad de la arquitectura cisterciense asturiana, además de centro difusor de tendencias artísticas en los templos del Románico de Villaviciosa, tal como constatan los estudios de E. Fernández González.

La planta del templo se orienta canónicamente E.-W. y reproduce la disposición de las iglesias benedictinas. Consta de tres naves de cinco tramos, la central de mayor anchura que las laterales, interrumpidas por un monumental transepto de tres crujías que da paso a la cabecera de triple ábside semicircular escalonado en planta, precedido de tramos rectos (foto 1). Esta organización planimétrica la presentan las iglesias cistercienses de Santa María de Sandoval (León) y San Martín de Castañeda (Zamora).

Los cistercienses conciben el monasterio como un organismo autosuficiente, que debe estar perfectamente ordenado. En la arquitectura ponen en práctica sus teorías estéticas, dominando en ella la sencillez y la decoración muy depurada.

Así, la nobleza de la construcción no se confía a la ornamentación abundante y rica sino a la utilización de la piedra, siempre cortada limpiamente en sillares regulares, y al rigor geométrico de la construcción. Este principio se observa en los paramentos exteriores e interiores del templo de Valdediós, frente al habitual dominio del sillarejo en las iglesias románicas de ámbito rural.

Los cuatro accesos románicos que conserva actualmente la iglesia se abren en la fachada occidental, brazo Norte del transepto y nave lateral Sur, este último próximo a este brazo del crucero y elemento de comunicación de la iglesia con el claustro.

El pórtico barroco adosado a los pies del templo cobija dos portadas románicas. La principal se abre a la nave central y consta de tres arquivoltas de medio punto protegidas por guardapolvo (foto 2). Apoyan en columnas de fuste cilíndrico dispuestas entre codillos, cuyas basas áticas se elevan sobre desarrollados basamentos.

El tímpano de sillares carece de ornamentación esculpida pero conserva vestigios pictóricos de época moderna. Por el contrario el guardapolvo y las tres arquivoltas muestran una rica ornamentación a base de molduras de zig-zag paralelas, tetrapétalas con botón central, losanges en los que se inscriben flores y el recurrente ajedrezado en guardapolvo y cimacios de los capiteles, motivos que desde este centro artístico se irradiaron a buena parte de los templos rurales del concejo. Los capiteles de este acceso testimonian la intervención en Valdediós, de la mano de Gualterio, del mejor taller del ámbito de Maliayo. Sus cestas se esculpen con variados motivos vegetales que juegan con el entrelazo perlado, las pequeñas hojas en sus remates y las volutas enroscadas en los ángulos. En algunos de ellos se disponen entre los tallos cabezas de personajes de rasgos algo expresionistas y una figura en pie con los brazos en jarras en el situado sobre la columna interior izquierda. La parte superior de las cestas se decora con cenefas de ovas y eslabones geométricos finamente labrados.

Al lado derecho de esta portada se dispone el acceso a la nave de la Epístola, que cuenta con un vano de perfil mixtilíneo y dos arquivoltas acanaladas que se protegen por un guardapolvo de dientes de sierra. Apoyan en sendas columnas a cada lado que se rematan con sencillos capiteles de inconfundible estilo cisterciense esculpidos con apomados y entrelazos. Como acceso a la nave del Evangelio se practicó otra portada de estructura semejante a su opuesta pero más sencilla.

El imafronte se cala con un gran óculo orlado con ajedrezado, oculto hoy en parte por el tejado del pórtico, sobre el que se dispone un tejaroz con canecillos desornamentados. Remata la fachada una espadaña de doble tronera de medio punto flanqueada por esbeltas columnillas con capiteles, que se culmina con otro vano menor y remate a dos aguas.

El brazo Norte del crucero se abre en una portada que comunicaba con lo que fue el cementerio monástico, cuyo tímpano conserva la inscripción fundacional de la iglesia, traducida por F. Diego Santos como sigue:

“El día decimoquinto de las kdas. de junio (18 de mayo) en la era de MCCLVI (1218 d. de C.), reinando don Alfonso en León y siendo obispo de Oviedo Juan y abad de Valdediós Juan IV, fueron puestos estos cimientos estando presente el maestro Galterio, que construyó la iglesia”.

Este acceso se labra en un cuerpo adelantado del resto del muro y se abre en tres arquivoltas aboceladas con guardapolvo de medias cañas (foto 1). Apoyan en tres columnas entre codillos a cada lado, con basas sencillas, que se coronan por capiteles de estética muy ligada al Císter. Los del lado izquierdo se labran con suaves relieves de grandes hojas enroscadas en las esquinas y los opuestos con hojas semejantes a las del helecho, de nervios incisos y volutas en las esquinas. Mientras los cimacios de este lado se presentan desornamentados, los del opuesto se labran en dos pisos con pequeñas hojas.

La última puerta románica que conserva el edificio actual es la que da paso desde el último tramo de la nave lateral Sur al claustro (foto 3). Presenta dos arquivoltas de medio punto aboceladas, protegidas por un guardapolvo de puntas de diamante, que descansan en delgadas columnas con basas áticas y se coronan con capiteles de apomados. Esta portada conserva abundantes vestigios de policromía rojiza. En la crujía Este del claustro actual fue recuperada la entrada al armarium, que se estructura en un vano mixtilíneo con las piezas curvas de las jambas resaltadas. En este mismo lienzo junto al acceso a la iglesia se conservan dos sepulcros bajo arcosolios, decorados con molduras, que presentan elementos heráldicos en los encasamentos y tapas.

En la arquitectura cisterciense se otorgaba mucha importancia a la iluminación de los templos, que calaban sus muros con abundantes ventanas de escasa ornamentación y pureza de líneas. En esta iglesia además del óculo abierto en el imafronte se conservan otros vanos que siguen estos principios, y concederían al interior una luz uniforme y limpia. Entre ellos destacan el abierto en el brazo Norte del crucero sobre la portada arriba mencionada, formado por varias arquivoltas que descansan en finas columnas con capiteles. Las naves se calan con algunos vanos semejantes que alternan con sencillas aspilleras. Finalmente los tres ábsides de la cabecera se iluminan con seis vanos recercados por arcos de medio punto simétricamente dispuestos y desornamentados (foto 4); uno en cada ábside lateral y tres en el central, realzados por guardapolvos que se prolongan en las impostas, articulando el muro rítmicamente. Estos tres vanos se disponen entre columnas entregas que recorren verticalmente el muro y se rematan por bellos capiteles vegetales.

Por último, tanto los aleros del imafronte como los de las naves y cabecera cobijan hileras de canecillos en caveto, de los que sólo se ornamentan ricamente los de la cabecera a base de bolas, rollos y otros motivos geométricos y vegetales característicos de los repertorios cistercienses parcos en iconografía figurada.


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La portada principal de la iglesia da acceso a un espacio a modo de zaguán o pórtico interior, que ocupa los dos primeros tramos de la nave románica, separado del resto de ésta en época moderna por una arco escarzano apoyado en semicolumnas con capiteles moldurados y un murete bajo sobre el que se eleva una reja de forja. Sobre este elemento, integrado perfectamente en la fábrica románica de la iglesia, se sitúa el coro de monjes con la sillería de madera tallada. A su derecha, y también en posición elevada sobre el arco de comunicación de la nave central con la meridional, se ubica el órgano.

Las tres naves se comunican mediante arcos de doble rosca de medio punto que apoyan en pilares compuestos para soportar el peso de las bóvedas, con medias columnas en tres de sus caras y codillos en los ángulos para recibir las nervaduras de las cubiertas (foto 5). Se elevan sobre basamentos acodillados y poseen basas áticas y capiteles troncopiramidales rematados por cimacios lisos. Los tramos de las naves laterales se comunican entre sí mediante arcos ojivales de doble arquivolta, que descansan en los muros laterales en semicolumnas semejantes a sus opuestas, que se enlazan mediante una imposta corrida.

Los abovedamientos de la nave central y laterales se realizan con crucería simple que emplea los nervios abocelados, pero en ningún modo pueden considerarse góticos. De influencia borgoñona, corresponden a experimentos constructivos del último románico. La bóvedas de cada tramo se separan de las demás mediante arcos fajones ligeramente apuntados que descansan en los pilares, prolongándose en semicolumnas truncadas que arrancan de ménsulas denominadas cul de lamps.

Mientras las cubiertas de los brazos del crucero repiten la de las naves laterales, en el tramo central la crucería es de ocho plementos, resultado del refuerzo de los dos en forma de aspa con otros dos de ancha superficie que generan una cruz. El brazo Sur del crucero comunica con la sacristía a través de una puerta.

El arco triunfal y los de acceso a las capillas laterales son ligeramente apuntados y apoyan en semicolumnas con basas sencillas y capiteles esculpidos.

Los tres ábsides cubren sus tramos rectos con bóvedas de cañón ligeramente apuntadas y los semicirculares con bóvedas de horno reforzadas por nervios radiales de perfil moldurado. Ambas cubiertas arrancan de líneas de impostas corridas y se separan por arcos fajones moldurados con la clave decorada, que descansan en semicolumnas con capiteles esculpidos.

Las capillas laterales reciben la iluminación de los vanos abiertos en su muro testero, que muestran un fuerte derrame interno mientras las ventanas del ábside central han sido cegadas por el retablo barroco que lo preside.

El ábside de la Epístola alberga un bello altar románico formado por una mesa rectangular que apoya en cuatro columnillas con basas áticas y capiteles esculpidos, reforzada en el centro por un pilar de traza moderna.

La escasa ornamentación escultórica del interior de la iglesia se concentra en los capiteles y ménsulas de los pilares de la nave central y obedece los criterios de la orden bernarda. Ésta se ciñe a motivos geométricos y vegetales, resultando más austera que la que presenta al exterior, excepto en algunas ménsulas esculpidas con máscaras expresionistas. El repertorio muestra grandes hojas a modo de palmas, entrelazos perlados, hojas acorazonadas, hojas de roble en el arco triunfal, volutas, frutos, etc... y entrelazos en los que se inscriben pequeñas cuadrifolias. E. Fernández González ha relacionado este repertorio con el presente en los templos monásticos de Sandoval y Gradefes, manifestando la repercusión que tuvo esta ornamentación en las iglesias del entorno de Valdediós.

Muy probablemente el interior estaría pintado de blanco, y las ventanas cubiertas de cristales translúcidos sin colorear, para conseguir un espacio dominado por la luz clara.

En resumen, la iglesia de Santa María de Valdediós mantiene plenamente los principios de la orden: simplicidad de la ornamentación, abovedamiento completo y limpieza en el trabajo de la piedra. Por estas razones, aunque más sencillas que las iglesias cluniacenses, las del Císter son costosas y no dan ninguna impresión de pobreza.

Aunque en Valdediós el único elemento que se conserva completo de época medieval es la iglesia, perviven algunos vestigios que testimonian como en este centro monástico se respetaba la configuración habitual de las casas de esta orden. El centro organizador del monasterio era el claustro. En torno a este elemento se disponían las restantes dependencias. Junto al brazo derecho del crucero de la iglesia se localizaba la pequeña sacristía, con el armarium antes mencionado, o depósito de libros. A su lado estaba la Sala Capitular y el locutorio, donde el abad escuchaba en confesión a los monjes. En el piso alto, el dormitorio comunitario; a continuación del locutorio el calefactorio, único lugar en el que estaba permitido encender fuego para calentarse. Por esta razón este era el lugar en el que se escribía. Al lado, el refectorio (comedor), y la cocina. En el flanco Oeste del claustro se dispondrían las dependencias de servicios. Finalmente todo el conjunto contaba con una red de canalización que permitía el abastecimiento de agua, pero también la eliminación de deshechos, debido tanto a razones prácticas como a la importancia que se daba en estos establecimientos al orden y la limpieza.


Autor: Isabel Ruiz de la Peña
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